Totó de mármol: Generador de ruido bucal de la zona de San Juan Raya, Municipio de Zapotitlán Salinas, Puebla.
Ejemplo de monografía de un bien sonoro recuperado.


Figura 1. Foto del generador de ruido lítico.

Roberto Velázquez Cabrera, Pedro Guadalupe Miranda Pacheco y Antonio Porcayo Michelini
Instituto Virtual de Investigación Tlapitzcalzin

(Borrador consultivo en proceso de afinación)
Primera versión, 28 de abril de 2004. Ultima versión, 26 de mayo de 2007.

Introducción y antecedentes.

El objeto de este documento es dar a conocer los análisis de un extraordinario generador bucal de ruido de piedra que fue encontrado en la zona popoloca de San Juan Raya, Puebla. Este trabajo también permite instrumentar y ejemplificar con un caso específico una recomendación anterior para integrar y dar a conocer una monografía de cada artefecto sonoro antiguo relevante encontrado, rescatado, salvado, registrado o decomisado.

Es importante poder examinar el artefacto sonoro antes de ser registrado y almacenado, ya que una vez dentro de su lugar de resguardo definitivo es difícil realizar análisis adecuados de fondo, en parte, porque ni los grandes museos disponen de las instalaciones y los equipos técnicos necesarios. Se ha experimentado que ni con la autorización de ley, del Consejo de Arqueología, ha sido posible obtener radiografías de los bienes arqueológicos sonoros ni analizar los que se encuentran en las salas de exhibición. Ningún bien sonoro antiguo de un museo o colección a viajado a un laboratorio de metrología acústica y esas instalaciones y equipos no se han podido trasladar a los lugares de resguardo, para poder realizar los análisis de sus sonidos. Esas son unas de las causas técnicas que han impedido estudiar y dar a conocer formalmente la rica organología mexicana recuperada.

La monografía puede contener al menos información sobre los siguientes rubros, mismos que pueden tener variaciones dependiendo de los datos disponibles y el tipo de sonador:

Índice general deseable de la monografía

La información que se pueda cuantificar y registrar digitalmente de cada monografía sirve para ir integrando un sistema de clasificación ontológico sobre la organología antigua y una base de datos que pueda ayudar a mejorar los sistemas de registro existentes de museos, colecciones, exploraciones, escuelas e institutos. La generación de un buen sistema de clasificación organológico es necesaria, pero sólo será posible después de haber producido las monografías de todos o de una buena muestra representativa de los artefactos sonoros existentes. Igualmente, la música o los sonidos que pudieron ser generados y sus posibles usos originales sólo se podrán conocer un poco después de haber analizado formalmente, sistemáticamente y a fondo la organología antigua recuperada, ya que se ha visto que lo que nos puede decir su análisis directo y de sus mejores cantos, llantos o rugidos es mejor y más real, tangible y comprobable que todo lo que se ha escrito y elucubrado sobre ellos.

El estudio de la organología antigua es una tarea ardua que sólo será posible con la creación de una área de investigación especializada, pero ya se ha mostrado que es posible inciarlo con el análisis de algunos artefactos particulares como el de este caso.

El descubrimiento

El artefacto lítico fue recolectado por Pedro Miranda, quien es artesano del ónix, guía y brinda apoyo a investigadores biólogos, arqueólogos y artistas. El artefacto de mármol se descubrió en el año de 2002 en la superficie del Paso del Coyote, entre los cerros del Campanario Ometepec y el de la Hierba, San Juan Raya, Municipio de Zapotitlán Salinas, Puebla, sitio localizado en la porción suroccidental del Valle de Tehuacán (ver mapa), entre Tehuacán y Huajuapan de León, en la Reserva de La Biosfera Tehuacan-Cuicatlán. El clima del Valle es seco, árido y extremoso. La zona es rica en cactáceas, algunas de ellas son singulares en el mundo, y hay abundancia de cardones como se puede ver en este paisaje. El Valle es muy poblado (~230,000 habitantes), aunque en el municipio de Zapotitlán eran cerca de 10,000 en los años 90. Hay vestigios humanos en la zona desde hace 7,000 años. En el suelo hay yeso, caliza, ónix y sal. Desde la época prehispánica han explotado la sal. El ónix se usa para producir diversas artesanías y es empleado en la construcción. También se conservan otras artesanías prehispánicas como la del barro anaranjado pulido del pueblo de los Reyes Metzontla, perteneciente al municipio de Zapotitlán Salinas. Hay gran cantidad de fósiles marinos y muchas ruinas arqueológicas. Cerca del sitio se localizan las ruinas de Cuthá que significa cerro de la máscara. Actualmente, el artefacto de piedra forma parte de la colección del futuro museo comunal de San Juan Raya que tiene muchos fósiles, así como otros artefactos hechos de piedra y barro. Es posible que el artefacto haya sido hecho cerca del sitio de su descubrimiento, porque hay muchas piedras blandas similares en esa zona como las llamadas calizas.

Información del artefacto sonoro

Pedro consultó a la gente de Los Reyes y San Juan Atzingo y encontró varias cosas preliminares: Una es que aunque es gente de la misma raza no se entienden. Al menos unos le dijeron una cosa y otros no le especificaron. Los compas de Atzingo dicen que silbato juguete para silbar es totó, así como que alargan la última letra o dándole tono y la gente de Los Reyes le dijeron que "esta tocando el fierro" es chi-ga, pero no le entendieron del silbato, más bien dicen que la acción de tocar silbar lo atribuyen a un aparato tal vez moderno. Así que se queda como dicen en Atzingo totó. Otra cosa, los de Reyes afirman que conocen el aparatito ese, que sirve para llamar víboras ¿será?.

Sobre su descubrimiento escribió un poema:

Anduve Buscando

Salí a los llanos y a las cumbres,
En busca de una señal un rasgo: Mis antepasados.
Aves, insectos, reptiles, hombres contemporáneos
Me acompañan
El ave bandera me guió con su color
Me refugié a la sombra del "Cerro el Campanario"

Divisé a lo lejos mi desierto, sentí pavor
Al descubrir tanta vastedad, sabiendo que no es mío el tiempo,
Anduve aquí, allá, removí mi tierra, las piedras
Hasta quedar adherido a ellas

Visité sus casas, tus coaxuxtlis, tus templos funerarios
Me detuve un poco sentí tristeza al verte destruida
Por manos perversas, eso que fue para ti algo sagrado.
A ratos salía el sol a ratos las sombras pasaban sobre mi cabeza
¿Qué será que me ahoga en pena?
¿Es que ya no era tu gente?
¿Quién cuidará tu valle? De pronto hubo una respuesta: encontré a Totó (silbato)
Me dijo que los que debemos conservarte
Somos los que llevamos tu sangre
Popolocas indomables
Tendré que regresar a mi hábitat me esperan mis muertos

Verano de 2004. Miranda Pedro

Antonio Porcayo es arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y ha estado trabajando en tareas de salvamento en programas con la Comisión Federal de Electricidad en todo el país. Antonio se interesó en las ilmenitas perforadas olmecas y quería tener una réplica de ellas. Encontró y consultó el estudio ¿Un Aerófono Mágico del Inframundo Olmeca? (1), extraordinario y singular generador de ruido lítico que fue localizado casualmente en la oficina del finado antropólogo Francisco Beverido Pereau. Antonio le mostró las fotos de los modelos de artefactos multiperforados de piedra a Pedro y le dijo que quería que le hiciera uno similar en ónix. Pedro le informó que ya tenía un artefacto perforado en piedra que parecía antiguo, mismo que ha facilitado para su análisis, ya que al ver su estructura similar creyeron que podía ser un artefacto sonoro. A sugerencia de Antonio, el actual documento se complementó un poco, para incluir toda la información que se ha podido obtener y se agregan algunos comentarios, para proporcionar elementos informativos y explicativos para ayudar a los que no están familiarizados con el "estado del arte" de este tipo de estudios y artefactos sonoros. La monografía se detalló también para atender solicitudes recientes sobre una guía metodológicas de análisis de instrumentos sonoros antiguos, como la planteada por Carlos Payan, que esta realizando una tesis sobre música prehispánica en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y trabaja en Registro Arqueológico del INAH. Pedro y los miembros de sus comunidades están muy orgullosos de su patrimonio y desean darlo a conocer. El documento tiene como objeto ayudarlos en ese sentido y agradecer a Pedro que haya permitido analizar y divulgar el artefacto sonoro de piedra que encontró.

El totó recolectado por Pedro es un generador de ruido importante y singular por varias causas: a) Es el primero que se conoce en piedra con el diseño organológico típico y más sencillo del extraordinario ehecachichtli o generador de ruido bucal mesoamericano (2). b) Es el primero que tiene dos pares de hoyos y dos ranuras resonadoras; c) Es el primero que se conoce y se puede analizar de la zona popoloca; d) Es el primer artefcto sonoro recuperado del México Antiguo que puede tener una monografía descriptiva detallada en su museo de resguardo, y; e) Los únicos otros miembros líticos de esa familia de artefactos ruidosos conocidos de todo el continente son los objetos multiperforados de ilmenita (1) que se sitúan posiblemente en el Preclásico Inferior. Se conocen algunas piedras silbadoras hechas por la naturaleza, como el Silbato Tiburón (3) de cuarzo, pero en la literatura universal hay muy pocos artefactos de viento líticos hechos por el hombre y, menos aun, que funcionen bien y generen caos y ruido. Este estudio es el primero que se hace de un artefactos sonoro antiguo con la iniciativa, interés, fotos e información de su descubridor y de un especialista en salvamento arqueológico, así como con la ayuda e información de arqueólogos que conocen la zona en que fue descubierto. El descubrimiento casual del totó de mármol ya permitió conocer otros dos generador de ruido líticos similares en diseño, lo que representa un descubrimiento singular en la organología antigua conocida.

Estudios anteriores de bienes sonoros similares.

Varios investigadores han analizado o dado a conocer fotos o dibujos de sonadores bucales con estructuras organológicas básicamente similares a la de la zona popoloca como José Luis Franco, Otto Shondube, Susan Rawcliffe, Jorge Dájer y Guillermo Contreras, pero fueron hechos en otros materiales. El primero que empezó a estudiarlos con seriedad y los dio a conocer fue el Ingeniero José Luis Franco, pero no se publicaron sus investigaciones de detalle que hizo por cerca de 10 años sobre la organología antigua. Sólo se conocen dos artículos cortos sobre los estudios organológicos pioneros de Franco, uno del periódico Excélsior y otro en Inglés del Museo del Condado de los Ángeles, California. Tampoco se han publicado estudios que analicen en detalle los sonidos que pueden generar los artefactos bucales examinador por los demás investigadores. Ese tipo de artefactos sonoros no son muy conocidos, porque las publicaciones dónde se dieron a conocer no son de acceso fácil, debido a que existen sólo en algunas bibliotecas y sus ediciones en papel de circulación y cantidad limitados se encuentran agotadas y porque en la red mundial no aparecen los pocos escritos de otros autores.

Se han llamado silbatos bucales o de doble diafragma, porque se tocan dentro de la boca y tienen dos hoyos opuestos uno frente al otro en el mismo eje. Esas designaciones no son adecuadas, porque hay otros tipos de silbatos bucales y los hoyos sonoros no varían en su diámetro como sí lo hacen los diafragmas de las cámaras fonográficas. La estructura organológica del sonador bajo estudio es muy similar a la de unos de barro que tiene el Museo Regional de Guadalajara que provienen de la Rivera del Lago de Chapala y de otros de hueso de la zona de Michoacán dados a conocer por Shondube, Contreras y Dájer. Dájer dio a conocer uno de hueso de Araró, Michoacán, que estaba catalogado en el museo como lanzadera de telar. Shondube comentó que esos artefactos son gamitaderas, porque cree que eran llamadores de animales, y que pertenecen a las épocas más remotas de las primeras culturas del Occidente de México. El que dio a conocer Franco en un dibujo (No. 43) es de barro de la zona de la Costa del Golfo de México. Estima que estos silbatos bucales son muy viejos, ya que pueden pertenecer cuando menos al siglo octavo a.C. en un contexto Olmeca. Contreras informó sobre un texto de Torquemada en el Libro XIV Cap. II de su Monarquía Indiana que dice "....y otros dan silbos con unos huesillos que suenan mucho..." y en el Códice Florentino entre los Instrumentos de Mizcoacalli (Libro XII. Lam. 70), se muestra que el ehecachichtli o generador de ruido bucal mesoamericano (2) existió en el Valle de México hasta la conquista, pero ese diseño se seguía utilizando hasta hace medio siglo, ya que en varias zonas rurales se usaba uno de metal hecho de corcholatas de refrescos o cervezas (4) que hacíamos hasta los niños en Tequila, Jalisco. Por el conocimiento temprano y por haber construido y analizado varios cientos de modelos experimentales de esa familia ruidosa, se han podido reconocer con facilidad cuando se pueden ver bien.

Se han encontrado unos generador de ruido similares en el exterior, como en Europa: uno de yeso de Francia, otro de piedra blanda de España y el "fiscaluru" de cerámica que se toca en las montañas de Apulia y Abruzze de Italia, pero no se sabe cuándo surgieron ni se conocen los sonidos que producían. Actualmente, en varios países se utiliza uno similar hecho de metal o de plástico, para llamar y controlar perros a distancia, pero se cree que se empezaron a usar cuando surgieron los concursos de perros pastores en Europa. El primer texto que hace referencia a un perro pastor u ovejero (Border Collie) en Inglaterra es en 1570, en la época de Elizabeth I. Pero el primer concurso de manejo de rebaños de ovejas con silbidos fue hasta 1873 en Gales y en 1876 en Escocia. La versión actual es más reciente, ya que un fabricante de esos silbatos modernos (ACME) informa que antes de 1930 casi cualquier cosa que producía sonidos se usaba como silbato de pastor. El diseño del silbato ovejero no genera ruido, produce una nota clara, porque su cámara resonadora tiene una anchura o separación constante y pequeña entre las paredes que la forman.

Beneficios del estudio e importancia del caso.

El mostrar estos extraordinarios generador de ruido líticos es de utilidad para dar a conocer con mayor profundidad la rica y singular organología mexicana natural y para que los conozcan los caminantes y exploradores superficiales de zonas rurales, lejos del pavimento y el asfalto, en lugares que se puedan encontrar otros similares. Hasta los expertos en las culturas, tecnologías y objetos antiguos pueden ser beneficiados con el conocimiento de esos bienes sonoros, para que les ayude a identificarlos y estudiarlos cuando los encuentren en sus exploraciones o los tengan bajo su custodia o análisis. Se ha visto que esa familia de generadores de ruido no es muy reconocida ni en algunos medios especializados de la arqueología y los museos, a pesar de que hay muchos bajo resguardo. Por ejemplo, la mejor y más clara muestra actual del desconocimiento existente es que en una vitrina de la recientemente reabierta Sala del Golfo del Museo Nacional de Antropología (MNA) ya se incluyeron unas ilmenitas multiperforadas de San Lorenzo, pero en la cédula expuesta se dice que no hay un dato de su función, ya que a la letra se informa:

"PEQUEÑOS BLOQUES. Los pequeños bloques de ilmenita, piedra magnética empleada en Chiapas y Oaxaca a la que los olmecas le dieron diferentes formas; no tiene un dato exacto de cual era su función. En San Lorenzo Veracruz se han encontrado varias toneladas enterradas pero también uno o dos bloques en algunos restos de casas habitación en tanto que en el sitio olmeca de Plumajillo, Chiapas, había más de 2000. La cantidad de bloques que sobreviven hasta nuestros días indica que su función utilitaria o simplemente simbólica era de gran importancia."

Las primeras ilmenitas multiperforadas de San Lorenzo fueron encontradas en una exploración del Dr. Michael Coe, cerca de la cabeza colosal olmeca 17 (también se muestra en la Sala del Golfo del MNA), y las últimas grandes cantidades fueron descubiertas y dadas a conocer por la Dra. Ann Cyphers y Anna di Castro. Sí eran y son de gran importancia, en parte, porque son los bienes arqueológicos similares trabajados en piedra dura que se han encontrado en una mayor cantidad enterrados en un sitio arqueológico. En la literatura no se han visto estudios a fondo y acústicos de ellas, aunque los descubrimientos de San Lorenzo y Plumajillo se dierona a conocer en artículos de arqueología. Las otras hipótesis que se han mencionado sobre su posible uso no se han probado experimentalmente. El autor hizo algunos experimentos lapidarios, cuyos resultados se contraponen con algunos de esos usos hipotéticos como el de soportar el eje circulatorio de un taladro manual. Tampoco se ha visto interés en realizar análisis formales de sus posibles propiedades sonoras, como sucede con los miles de aerófonos antiguos que se encuentran en bodegas y vitrinas de museos, colecciones y exploraciones nacionales y del exterior. No son sólo símbolos, se piensa que una gran cantidad de las ilmenitas pueden producir sonidos como las que están completas y tienen una estructura y dimensiones similares a la analizada, aunque algunas pueden no hacer ruido como las que están rotas, incompletas o que son de dimensiones mayores que puedan no ser operadas dentro de la boca. Por lo comentado en la cédula, parece que el personal de la Sala del Golfo del MNA no conoce los estudios dados en congresos internacionales y en la red como el Aerófono de Piedra Negra (5), conferencia para el Congreso Internacional de Computación CIC, IPN, México, D.F., 2000, y ¿Un Aerófono Mágico del Inframundo Olmeca? (1) que muestran las propiedades sonoras de una de ellas (foto de la piedra de ilmenita perforada) y que probablemente proviene de San Lorenzo.

Desde la primera conferencia impartida, ese descubrimiento sonoro se hizo del conocimiento de las instituciones relacionadas con el estudio de las ilmenitas como el INAH, el MNA y el Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM como se puede ver en la invitación con los sellos de acuse de recibido, pero sólo asistió el profesor Felipe Flores Dorantes, de la Fonoteca del INAH, para manifestar opiniones improcedentes sin conocimiento del caso, mismas que fueron comentadas en un escrito con un anexo. El profesor Flores es uno de los autores de un documento oficial sobre silbatos mayas, pero tiene errores metodológicos que también fueron comentados en detalle en un estudio virtual. El personal con educación musical de las fonotecas oficiales como la mayoría de los etnomusicólogos han centrado sus mejores trabajos en la grabación de la música folklórica que aun se toca o tocaba en zonas rurales, pero no se han interesado ni en grabar y dar a conocer los sonidos de los artefactos sonoros antiguos recuperados.

En la red mundial ya se han empezado a dar a conocer los generadores de ruido líticos olmecas. Muchas ilmenitas aparecen en fotos del Museo del Sitio. En el texto de esa página de George y Audrey DeLange se comenta:

"Un investigador, Roberto Velázquez Cabrera, piensa que la piedra es hecha de Ilmenita (FeTiO3), un mineral natural de titanio! Él piensa que la piedra puede ser una herramienta para generar ondas sonoras".

Algunos investigadores de la cultura olmeca han opinado que las propiedades sonoras de la ilmenita multiperforada analizada pueden ser una casualidad o un efecto no buscado en su diseño y construcción. Otros llegan a extremos increíbles de oposición e incredulidad que hasta tratan de objetar sin sustento los resultados sonoros encontrados, aun sin estar bien enterado de los antecedentes y contenidos del estudio ni familiarizados con las técnicas de análisis utilizadas. Hay más de 140,000 ilmenitas mutiperforadas esperando ser analizadas con profundidad. Sería interesante estimarla probabilidad de que sea una casualidad que la mayoría de esas ilmenitas olmecas puedan producir ruido similar a los ehecachichtli generadores de ruido bucales mesoamericanos.

El tradicional enfoque visual y material, que gusta tanto en la cultura llamada occidental, conduce a centrar los análisis en la parte estratigráfica, estructural, iconográfica y estética visual, de los bienes arqueológicos. Ese enfoque ha impido incluir en los análisis del pasado a la organología, su función de generación de sonidos y de todo el espacio sonoro antiguo desconocido como el de las lenguas, animales, espacios y demás objetos arqueológicos relacionados con los sonidos. Parece que se prefiere creer que los olmecas, por ser primitivos, sólo hacían los trabajos comunes de la antigüedad que han sido bien reconocidos como el del barro y la piedra y que no dominaban otras tecnologías más avanzadas y singulares en Mesoamérica como la organología, la acústica y aplicaciones de señales ruidosas, cuyo uso exacto aun ahora se desconocen en esa y otras zonas del exterior. De confirmarse las propiedades sonoras de las ilmenitas multipeforadas, ayudaría a mejorar el concepto que se tiene de los pueblos olmecas o, al menos, de algunos de sus grandes maestros lapidarios.

Los popolocas también han sido despreciados. En un artículo de la Jornada de Alejandra Gámez se menciona que: Los popolocas han tenido que arrastrar desde el inicio de su historia hasta la actualidad el juicio de que son un grupo cultural con desarrollo menor. De hecho, su nombre es un peyorativo puesto por los mexicas, cuyas traducciones para designarlos van desde "tartamudos" hasta "poco inteligentes".

Sin embargo, los artefactos ruidosos que hicieron los olmecas o los popolocas y sus usos originales aun no se reconocen ni siquiera por los especialistas en las culturas y objetos antiguos.

El analizar y dar a conocer otros bienes arqueológicos como el encontrado en la zona popoloca es importante para ayudar a contrarrestar el desconocimiento de las propiedades acústicas de objetos similares y a que se disminuya la posibilidad de que se arrumben en cajas o sacos de bodegas sin clasificar ni estudiar, que se incluyan en los montones de artefactos considerados genéricamente como "misceláneos", "instrumentos", "NR" (no registrables) y que se ignoren o hasta se tiren en un basurero arqueológico, porque no se incluyen en las clasificaciones tipológicas existentes, no se identifica su uso, ni se reconoce su importancia o por estar rotos. El estudiar a fondo y sistemáticamente el desconocido espacio de la organología antigua y sus sonidos puede tener otros beneficios. Por ejemplo, el determinar el origen de la distribución geográfica y cultural de los bienes arqueológicos que muestran esta singular tecnología sonora, además de servir para poder definir un buen sistema de clasificación organológico, permite establecer las relaciones temporales, espaciales y culturales de un conocimiento muy especializado de Mesoamérica, tal como se acostumbra hacer con los tiestos o vasijas de barro y otros bienes arqueológicos.

Desdichadamente, en el caso bajo examen no se dispone de información histórica, arqueológica, antropológica, etnomusicológica, iconográfica, etc., además del sitio de su descubrimiento, que permita conocer el posible origen, procedimiento de construcción y uso del artefacto. Aun sin esa información deseable, se pueden hacer algunos análisis organológicos-acústicos directos e indirectos aprovechando modelos experimentales como se ha mostrado en una tesis y varias decenas de estudios sobre aerófonos mexicanos y de otras culturas (6).

En este caso, para hacer los registros y análisis básicos en cualquier lugar, sólo se requiere de: una computadora portátil con tarjeta de sonido y programas para procesar fotos, sonidos y espectrogramas, un sonómetro para medir presión sonora y usarlo como micrófono, una cámara digital, un medidor de dimensiones milimétricas vernier y un poco de material para hacer modelos experimentales.

Se ha dicho que un objeto antiguo encontrado fuera de contexto y sin información arqueológica no nos puede decir nada o que es mudo, pero los artefactos sonoros antiguos sólo requieren ser excitados como se hacía en el pasado para que puedan hablar, cantar o rugir, y poder ser analizados en su función sustantiva que les dio origen, para que nos puedan decir algo de sus características y posible uso. Ya se ha mostrado que hasta los que están almacenados y rotos, como éste pajarito de barro encontrado por Luis Alberto Martos, investigador y actual director de la Dirección de Estudios Arqueológicos (DEA) del INAH en Rancho Ina, Xcaret, Quintana Roo, nos pueden decir algo, debido a que nos muestran con claridad su estructura, algo de su forma de construcción y de su mecanismo sonoro y, en muchos casos como ese, se pueden hasta revivir si se logran construir sus modelos experimentales completos. Ya se ha dicho y mostrado que los estudios sobre los aerófonos antiguos pueden apoyar los informes de las exploraciones en que fueron encontrados.

Otros investigadores de la DEA, ya han permitido que se analicen algunos aerófonos de barro que fueron encontrados en sus exploraciones arqueológicas. Los primeros fueron las extraordinarias Ranas de Barro de Yaxchilán encontradas por Daniel Juárez Cosío, anterior director de la DEA. Pueden cantar como las ranas de la naturaleza y se pudieron usar en ceremonias al dios Chac, para llamar la lluvia. Otro caso interesante es el de los Aerófonos de Ranas, Querétaro, encontrados por Margarita Velasco. Tienen un diseño organológico similar al pajarito de Rancho Ina, y también pueden emitir hermosos sonidos microtonales como los de algunos pájaros de la naturaleza, a pesar de que los dos sitios arqueológicos están separados a más de 1500 Km de distancia y los pueblos que los hicieron y usaron surgieron a varios siglos de diferencia.

Los aerófonos antiguos sí se quedan mudos, cuándo se guardan en una bodega o vitrina y sólo se analizan visualmente desde su exterior como se hace con otro tipo de bienes arqueológicos. En el pasado algunos artefactos sonoros se "mataban" al romperlos para guardarlos en algún hoyo o relleno, lo que tenía un motivo y un significado especiales, pero ahora cuando esos bienes rotos se logran rescatar se "rematan" arrumbándolos en una bodega o volviendo a guardarlos en un basurero de tepalcates antiguos sin un propósito conocido. Se piensa que cualquier información que se pueda obtener del análisis de un artefacto sonoro antiguo, completo o roto como el totó, es mejor que nada.

Análisis organológico.

Estructura y descripción del artefacto.

La estructura interna de este tipo de generador bucal de ruido se puede examinar visualmente desde fuera, por lo que no se requiere de radiografías o tomografías para conocerla y examinarla. La estructura general del artefacto lítico se muestra en la foto de sus principales vistas. Desde que Antonio Porcayo envió la foto por correo electrónico, para preguntar si era un artefacto sonoro, se reconoció el totó como un miembro de la subfamilia del ehecachichtli o generador de ruido bucal mesoamericano (2). Antonio comprobó que podía producir ruido, cuando se le informó sobre la forma de tocar esos aertefactos. El artefacto ruidoso tiene la forma de un bloque más o menos como de un paralelopípedo recto o de un pequeño ladrillo o de una ficha de domino, pero más grande. Es un poco más grueso en el centro que en los extremos, posiblemente debido a que al aplanarse y pulirse manualmente se pudo desgastar más en los extremos. Tienen 4 hoyos cónicos, dos ranuras y un hoyo bicónico para cuerda. Los cuatro hoyos cónicos laterales y dos ranuras resonadoras, una al frente y otra posterior, forman dos mecanismos sonoros opuestos en la pieza. Los ejes centrales de los hoyos sonoros cónicos y el de la ranura resonadora del mecanismo sonoro se sitúan en un mismo plano. Es la primera condición necesaria para que ese tipo de mecanismo pueda generar caos y ruido. Foto con la vista del mecanismo sonoro roto. Un hoyo sonoro esta roto y su mecanismo generador de ruido no funciona. No tiene grabados iconográficos o pintura en su superficie, pero su estructura organológica muestra con claridad cual era su función sonora sustantiva.

Las principales dimensiones (en milímetros) del artefacto son: Largo 44 (del lado del mecanismo que funciona) y 43 (el lado del roto); Ancho 22; Grueso 10 (en el centro) y 9 (en los extremos); Diámetro de los hoyos cónicos completos 3.5 (interno) 7 (externo); Distancia del centro del hoyo a la orilla del frente 5; los hoyos cónicos del mecanismo sonoro incompleto están perforados chuecos, inclinados hacia el frente y su diámetro exterior es 9 (uno esta roto); Largo del frente de la boca de la ranura resonadora completa 33 (que se puede hacer con una herramienta de forma de platillo volador), profundidad máxima de la ranura 8.5, ancho máximo exterior de la ranura 5.5; El largo de la ranura incompleta es menor 27 y su profundidad en menos profunda 6 y está incompleta; Hoyo bicónico para una cuerda muy fina desde los dos lados adjuntos 5.5 de diámetro externo y 1 interno.

La piedra es blanca un poco lechosa y jaspeada con tonos blanquecinos. La superficie de la pieza se ve un poco cremosa, porque se limpió con agua para ser tocada dentro de la boca. El color real en seco del material es el que se muestra en la ranura, ya que esa superficie no se humedeció. Parece una roca sedimentaria de dureza entre 4 y 5 en la escala de Mohs. Se asemeja al mármol, al ónix y otras piedras de grano fino no muy duras, pero habría que determinar bien el material lítico y, de ser posible, el o los lugares en que existe en el subsuelo, para analizar su posible procedencia natural. Esa piedra se puede trabajar con acero, piedras más duras como la obsidiana o cuarzo o arenas de río y agua como enfriador. Es más blanda que la ilmenita (5-6 Mohs), pero más dura que los artefactos similares hechos de hueso y barro del Occidente de México y otros similares que se usaba en varias zonas del exterior como unos que se utilizaban en Europa.

El hoyo roto del mecanismo sonoro que no funciona es útil para conocer algo de su proceso de construcción. Posiblemente se rompió durante el perforado en su columna externa más frágil, debido a que es la parte más delgada, y se ve que la cavidad resonadora abierta no se terminó en su profundidad requerida para funcionar bien. Ese detalle indica que el objeto se rehizo, para aprovechar el trabajo previo de corte y aplanado de la pieza, ya que para ello sólo fue necesario construir otro sistema sonoro similar en el lado opuesto.

Uno de los trabajos lapidarios fundamentales y necesarios para poder generar ruido con estos artefactos, como el del perforado del hoyo cónico roto, fue hecho con una técnica que parece más rudimentaria y burda que la de los hoyos similares hechos en las mejores ilmenitas olmecas (1), a pesar de que éste material es más duro. El eje de algunos hoyos cónicos no es perpendicular a la superficie externa plana y no son tan regulares como los de los bloques olmecas de ilmenitas mejor construidos. Eso indica que los hoyos del artefacto bajo estudio pueden ser más antiguos que el pueblo popoloca de esa zona y pertenecer a la de los olmecas de la misma zona de las épocas más tempranas, y posiblemente hasta anteriores a las ilmenitas sonoras, porque éstas muestran una tecnología más refinada y, por lo tanto posiblemente más tardía. Sólo si el artesano olmeca o popoloca que hizo las perforaciones era menos hábil que sus antecesores, pudieron haber sido hechas en épocas más tardías, aunque el indicio de baja calidad en la perforación de algunos hoyos no es seguro, debido a que muchas ilmenitas olmecas también están rotas y no muy bien formadas en su exterior. El hecho que popolocas lo hayan usado y aun ahora lo reconozcan no excluye la posibilidad de que esa tecnología provenga de épocas más remotas.

Ahora, es difícil estimar la antigüedad de manufactura del artefacto sonoro por medio del examen de otros restos de objetos manufacturados antiguos del sitio, debido a que en la superficie del suelo en que se encontró puede haber objetos de diversas épocas, ya que no ha cambiado en miles de años y no se ha explorado arqueológicamente con profundidad. Recientemente, en una entrevista que se detalla al final del documento en el apartado de Descubrimientos y Trabajos Adicionales, el Dr. Blas Castellón informó que el Sitio Z56 Terrazas del Paso del Coyote, en que se encontró el artefactos de mármol, se incluyó entre los recorridos superficiales de la zona del Proyecto de Zapotitlán Salinas, que ha venido investigando desde hace 10 años [1, 2 y 4]. Aunque ese proyecto se centra en el Sitio de Cuthá, que se localiza en el otro extremo Este de la zona de estudio, es importante conocer el contexto del Sitio Z56 y tener una idea de su posible antiguedad. Informa que hay restos de asentamientos humanos como de cuartos y cerámica. Los materiales cerámicos observados son abundantes, y consisten en cerámica de fondo sellado de los tipos Coxcatlán Brushed y Coxcatlán Gray, son ollas, platos y cajetes, algunos con soportes almenados. También abunda la cerámica Gris Fino Incisa, con diseños esgrafiados en el borde de platos y cajetes. Esto ubicaría al asentamiento entre el periodo Clásico Tardío y el Postclásico Temprano, cubriendo una temporalidad amplia de al menos tres siglos (700 a 1100 d.C.). Aun no hay estimaciones de antigüedad de objetos del sitio usando la técnica del carbono 14, aunque se tomaron muestras para ello de carbón de leña de entre los restos de un horno. Habría que ver microscópicamente si la oxidación o rastros de la superficie limpia del artefacto sonoro puede dar indicios de su posible antigüedad y procedimiento de construcción y terminado.

El artefacto se toca y funciona como el ehecachichtli bucal (2), pero los hoyos del sistema que no funciona se tienen que cubrir con la lengua, para que opere el mecanismo sonoro completo del lado opuesto, mismo que se coloca hacia el exterior de la boca.

Análisis sonoro

Algunos investigadores de la música antigua dicen que es imposible conocer los sonidos que se generaban y usaban en el pasado, argumentando que no había grabadoras electrónicas ni se han encontrado registrados en forma escrita. Ya se ha mostrado que los artefactos sonoros en buen estado son las mejores "grabadoras" que existen, ya que sólo requieren ser operados como se hacía en el pasado, para conocer los sonidos originales que podían generar su mecanismo sonoro. El análisis de los sonidos que pueden producir los generadores de ruido es importante porque permite conocer sus atributos y características para poder explorar sus posibles contextos de aplicación y uso.

Ir estimando los parámetros acústicos de cada uno de los artefactos sonoros antiguos encontrados también permite ir formando una base de datos sistemática, para poder hacer correlaciones geográficas, culturales y temporales entre ese tipo de bienes antiguos. En los sistemas de clasificación organológicos existentes ni siquiera se incluye a todos los miembros de la familia mexicana del ehecachichtli o generador de ruido, a la que pertenece el totó, porque cuándo se establecieron no los conocían y se ha visto que aun ahora muchos expertos en los objetos antiguos no los conocen.

El oído es uno de los mejores sistemas para percibir y analizar sonidos, pero el lenguaje existente es muy pobre para describir las características de las señales complejas. Los analizadores de espectros y los espectrogramas, obtenidos sobre la base de la Transformada Rápida de Fourier, son las mejores técnicas para analizar y mostrar visualmente los componentes de frecuencia de una señal compleja que varia en el tiempo, como las que pueden producir los generadores bucales de ruido. En un espectrograma, obtenido con el programa Gram de Richard Horne, la intensidad de la señal se muestra en el grado de negro, el eje de las x es el tiempo en segundos y el eje y es la frecuencia en Hz o ciclos por segundo. En ese espectrograma de un sonido corto se muestra que la señal tiene componentes de frecuencia de nivel muy similar en toda la banda audible (20 Hz - 20 kHz), por lo que parecen ruido blanco o no muy coloreado, como el del aire o el viento. Contiene sólo dos crestas o lomas de grupos de frecuencias de mayor intensidad, mostradas con el mayor grado de negro, pero de muy bajo factor de calidad acústica Q o agudeza de la señal. Ese sonido no es musical, ya que ni siquiera genera un tono claro. Por ello, las técnicas de análisis musical no son de utilidad en el caso. Tampoco se pueden aplicar las ecuaciones existentes, como la de Helmholtz, que se usan en los aerófonos globulares para estimar su frecuencia fundamental F0, porque ésta no existe en el ruido producido y no se trata de un aerófono globular. Un tono musical sin armónicos y sobretonos generalmente se representa como una línea horizontal en un espectrograma. Si este tipo de artefactos se consideran como instrumentos musicales antiguos, el concepto y aplicación de la música antigua son mucho más amplios que los actuales. Por ello, en los análisis de los artefactos de viento antiguos y sus sonidos se deben evitar los enfoques etnocentristas ajenos y aprovechar las técnicas y herramientas objetivas, científicas disponibles, así como utilizar un enfoque amplio, abierto y sin sesgos culturales del exterior. El único sesgo recomendable a adoptar es el de la propia cultura bajo estudio, pero obteniendo datos reales y cuantificados con las mejores técnicas disponibles, si se desea encontrar algo de valor propio y poder hacer comparaciones con artefactos similares de otras culturas mesoamericanas y del exterior.

Es interesante hacer notar que un grupo importante de frecuencias de la señal, como las de la cresta mas baja, se dan dentro del rango de mayor sensibilidad auditiva del ser humano (1 KHz - 5 KHz). Eso significa que se pueden escuchar muy bien de cerca o a una distancia considerable. Como las frecuencias de otras crestas son más altas, es posible que algunos animales las puedan escuchar bien. El sonido básico producido es similar a los que generan otros miembros de esa extraordinaria familia ruidosa mesoamericana, pero éste tiene un timbre singular, porque la mayoría de los ehecachichtli producen una o más crestas, pero de mayor intensidad y en ocasiones el ruido más fuerte no tiene tanto ancho de banda. Se ha visto que pequeñas diferencias en las dimensiones y la estructura de ese mecanismo sonoro pueden producir variaciones notables en los sonidos resultantes.

Este tipo de generador de ruido no tiene hoyos tonales, pero como se toca dentro de la boca puede producir diversos sonidos complejos alterando la configuración bucal, el ángulo del artefacto y con excitaciones de las cuerdas vocales. También se puede alterar la altura de los sonidos en forma microtonal, si se forma un resonador variable con las manos a la salida de la boca.

Otro factor importante en el análisis de artefactos generadores de sonidos es su potencia acústica. La potencia acústica radiada se puede estimar con las formulas 1 y 2, expresadas en formato de MS Excel:

I = + (10 ^-12) * 10 ^ (dB/10)             (1)
W = 4 * PI() * I                                      (2)

Dónde,
I = intensidad del sonido (W/m2)
dB = intensidad de la presión sonora medida con un sonómetro (o decibelimetro) a un metro y 0 grados
PI = 3.1416....
W = potencia acústica radiada (Watts)

A pesar de que la construcción de algunos hoyos es un poco burda el ruido generado es de cierta intensidad, de una presión sonora máxima de ~ 97 dB. Ese nivel corresponde a cerca de 0.063 Watts de potencia acústica radiada máxima. Este último parámetro permite hacer comparaciones de potencia entre artefactos sonoros. Con los decibelios (dB) sólo se pueden hacer comparaciones de intensidad entre dos o más sonidos si las mediciones se hacen en las mismas condiciones. Por ejemplo, para dar una idea del nivel de potencia del sonido del totó, con relación a otros artefactos similares, se pueden dar algunos datos. La potencia acústica radiada real de los generadores de ruido bucales más eficientes (potencia de los sonidos producidos/potencia neumática de excitación del soplado) que se han analizado puede ser más alta, hasta de 1 Watt en el caso de la corcholata perforada (110 dB), y su potencia percibida lo es más por la banda de sus frecuencias y porque se generan crestas con ruido en esa misma banda lo que refuerza los efectos auditivos. Un buen aerófono de corcholata puede escucharse de 500 m a 1000 m, en líneas de vista entre lomas o cerros. Un silbato moderno similar de plástico muy usado como los que utilizan para controlar perros ovejeros a distancia, que envió Hilary Kerrod de Nueva Zelanda, como está produce silbidos de 0.01 Watts (100 dB a 1 m y 0 grados), lo que representa 100 veces menos que la potencia máxima de 1 Watt del silbato bucal de corcholata. Como el silbato de plástico está un poco cerrado en el extremo del resonador (1 mm), posiblemente cuando era nuevo la separación del resonador era constante de 2 mm), se abrió un poco con un palito picudo para obtener la separación original estimada. La nueva potencia estimada en esa posición es de ~ 0.4 Watts (105 dB), lo que es 25 veces menor que 1 Watt y mayor que la potencia del totó de 0.063 Watts y que la ilmenita analizada de 0.01 Watts.

Esos datos pueden servir para hacer estimaciones del posible alcance audible en distancia de los sonidos y su posible entorno de uso. Por ejemplo, el posible alcance máximo del silbato ovejero es ~400 m (0.4 de 1 Watt o 1000 m). Esa distancia es mayor que la del largo de los campos utilizados para hacer concursos de perros ovejeros y se sabe que los perros tienen una gran sensibilidad auditiva. El alcance máximo del totó puede ser de cerca de 60 m (0.63 de 1000) y del de ilmenita 10 m (0.01 de 1000). Según los datos anteriores el diseño del totó es más eficiente acústicamente que el de la ilmenita olmeca. Esos y otros datos o hipótesis de su uso se pueden afinar en la realidad con el uso de mediciones experimentales.

Posible uso original del artefacto

Se hicieron varios modelos experimentales en mármol, barro y madera para analizar hipótesis del comportamiento del diseño sonoro que no se pueden hacer con el artefacto antiguo sin alterar su estado actual o ponerlo en riesgo. Con un modelo de barro hecho con los dos mecanismos sonoros completos se vio que funcionan bien en ese material aun sin quemar y se confirmó que no puede operar con los dos mecanismos completos al mismo tiempo, en su forma más eficiente. Puede generar sonidos soplando por los dos hoyos cónicos laterales y tapando con dos dedos los otros dos hoyos cónicos opuestos, para formar unas cámaras resonadoras pequeñas, pero no son fuertes.

Se observó que el mecanismo sonoro también funciona bien con modelos experimentales de madera y de mármol. Un modelo experimental de mármol requiere ser trabajado con mucho cuidado y delicadeza, como el perforado de los hoyos cónicos, para que no se rompa en sus partes más débiles con un golpe o presión interna del instrumento cortador y se ha visto que ese tipo de piedras son muy frágiles y quebradizas. Eso también sucede con piedras más duras, como se vio en el caso de las ilmenitas. Además, se sabe que cualquier objeto hueco es mucho más frágil si se golpea por dentro que por fuera. Por la poca dureza del mármol, el proceso de cortado, perforado, alisado y pulido son de cierta facilidad. Esos procesos pueden hacerse en cerca de una o dos horas, si se tiene experiencia en el trabajo lapidario y se usan herramientas modernas: disco de diamante enfriado con petróleo, un taladro eléctrico y un cortador para concreto o de tungsteno enfriados con agua y ruedas de esmeriles y lijas de carburo de silicio movidos con motor eléctrico y enfriados con agua. Si se usan herramientas manuales como las que se utilizaban en el pasado el proceso debe durar mucho más tiempo, pero menos que el de otras piedras más duras. Una de las diferencias más importantes en el trabajo en piedra del el pasado, en relación a los de las obras actuales hechas rápidamente, es que parece que no les importaba el tiempo empleado, para controlar mejor el proceso de construcción y lograr las obras de arte que querían.

Se ha visto que el sencillo diseño del ehecachichtli o generador de ruido bucal (2) se puede hacer en casi todos los materiales sólidos, maleables o plásticos que pueden endurecer y es posible usar para ello todas las técnicas conocidas de maquinado, modelado, moldeado, vaciado y terminado, debido a que sus hoyos y ranura sonoros tienen "salida" y se pueden trabajar desde afuera de la pieza. Eso es importante, porque no ocurre con otros diseños sonoros que tienen cámaras resonadoras no abiertas o aeroductos de sección no circular como los rectangulares de los silbatos y flautas normales.

El uso exacto antiguo de este tipo de generadores de ruido mexicanos se desconoce, pero se ha visto que son adecuados para comunicaciones y señales entre seres humanos y para llamar o imitar animales como los que seguramente existían en la zona, debido a que sus componentes de frecuencia más fuertes se dan en la zona de mayor sensibilidad auditiva de diversos seres biológicos. Tocados en lugares abiertos sin árboles y en valles y cerros, como los del sitio de su recolección, los sonidos generados se pueden escuchar a una distancia considerable, en el caso del totó. Esa estimación y el efecto en los animales como las víboras se puede probar experimentalmente. En lugares cerrados y si se tocan en un grupo al mismo tiempo, su efecto sonoro es más notable y pueden producir efectos especiales en el ser humano. Al poder acoplar el artefacto con el órgano fonador humano permite producir una diversidad de sonidos complejos como los que generan varios animales y fenómenos de la naturaleza.

Varios estudiosos de las figurillas antiguas de barro han dicho que los llamados silbatos prehispánicos eran simples juguetes y, en gran parte, por ello se menosprecian. Los primeros investigadores de nuestras culturas que vinieron del exterior dijeron eso, posiblemente basados en que a algunos niños les gustan y en la Europa de la Edad Media los niños jugaban con ellos. Parece que los demás investigadores nacionales simplemente repiten esa apreciación sin proporcionar evidencias. Ahora, algunos juegan con ellos. Por ejemplo, cuando un examinador profesional cree haber hecho su trabajo al lograr reconocer en la forma externa de un silbato a un ser antropomorfo o zoomorfo parece un juego de niños, ya que hasta los niños pueden hacer ese reconocimiento. Algunos investigadores y administradores que tienen artefactos sonoros antiguos, cuando no permiten que otros los estudien, se parecen los niños que no quieren que otros jueguen con sus juguetes, aunque los bienes antiguos son patrimonio de la nación. Hasta los juegos de niños pueden ser de utilidad, para estudiar los objetos antiguos. Ya se ha mencionado que el autor ha reconocido y sabe como hacer los silbatos bucales ruidosos, en parte, porque se usaban en la niñez.

Los silbatos antiguos pudieron ser usados como juguetes, pero los "juegos" serían de niños, adultos y hasta de sacerdotes y dioses. Ya se ha mostrado que los silbatos ruidosos están representados en la iconografía siendo manejados por algunos dioses importantes como Ehécatl en su tlemaitl rugidor (7) y posiblemente por el dios L de Palenque en su "puro" rugidor (8).

Hay evidencias arqueológicas e iconográficas adicionales. Un tlemaitl rugidor fue mencionado en el informe de Leopoldo Batres sobre la exploración de la calle Escalerillas, realizada a principios del siglo pasado, ya que comentó sobre uno de sus descubrimientos de octubre de 1900:

"..un sahumador de barro policromo con calados en forma de cruces, diámetro 0 m 23, longitud, del cabo 0 m 41. Este remata en una cabeza de serpiente con la parte superior retorcida y un pito."

El museo del Templo Mayor tiene ese sahumador o uno similar que ha estado en exhibición. Adje Both, investigador de Alemania que realiza un trabajo doctoral sobre aerófonos resguardados en ese museo, informó que el sahumador sí tiene un ehecachichtli generador de ruido con aeroducto o silbato de aire dentro de la boca de la víbora. Gonzalo Sánchez, estudiante de Etnomusicología de la Escuela Nación de Música de la UNAM que viene realizando estudios sobre aerófonos de Oaxaca (10) con la metodología propuesta, muestra una foto de un sahumador rugidor similar que se encuentra en exhibición el Museo de Santo Domingo de Oaxaca, aunque tiene roto el aeroducto. Guillermo Conteras ha comentado que los tlemaitlis con cabeza de víbora eran tocados por los sacerdotes tlapocas, pero en la iconografía el mismo dios del viento y del aire Ehécatl aparece con el sahumador rugidor que tiene una víbora en el extremo del maneral. Esa es la mejor evidencia de la cercana relación que existía entre uno de los dioses mexicanos más importantes, las víboras y los generadores de ruido como el del viento o el aire. Es necesario recordar que a ese dios también se le llama Ehácatl-Quetzalcoatl, que se asocia a la más alta representación de la serpiente emplumada y el viento en el centro del México Antiguo, aunque había otros similares como el dios Gucumatz de los mayas y el Señor 9 Viento de los Ñuu Savi.

También se ha dicho que los bienes antiguos encontrados por no profesionales o amateurs no son de utilidad para explorar el pasado, pero desde el punto de vista de la organología, la acústica y los posibles usos de los artefactos sonoros no se han visto las ventajas de que se hayan encontrado en exploraciones arqueológicas profesionales autorizadas y controladas, ya que no se han producido los estudios a fondo de los que han sido recuperados. Desde el punto de vista del público, tampoco se ha visto su ventaja, ya que la gran mayoría de los bienes sonoros rescatados ni siquiera se han dado a conocer públicamente. ¿De que sirve su descubrimiento?, si sólo una minoría los ha podido ver y se mantienen arrumbados y mudos.

Se ha dicho que es imposible obtener algo relevante del análisis directo de un artefacto sonoro antiguo, pero el autor ha mostrado que hasta las representaciones pictóricas o iconográficas de artefactos sonoros antiguos pueden ser de utilidad para explorar el rico espacio sonoro del pasado. Una de las mejores y más claras pruebas iconográficas de que los artefactos sonoros eran usados por los gobernantes y la élite de los pueblos antiguos en sus grandes fiestas y guerras es la de los hermosos murales de Bonampak. Esos murales fueron descubiertos hace medio siglo, pero los instrumentos que se representan en él con claridad no han sido analizados con profundidad. Por ejemplo, en el mural se ve que las trompetas mayas se utilizan en dos ceremonias y una batalla y ese estudio muestra que hasta la iconografía puede ser usada para analizarlas y revivirlas, si se usan modelos matemáticos y físicos experimentales y un poco de imaginación y trabajo, a pesar de haber desaparecido de este mundo con los antiguos mayas hace más de un milenio. Ahora, es difícil hasta tener acceso directo a las mejores reproducciones de los murales, para investigación independiente.

También se ha mostrado que hasta se pueden hacer estudios virtuales a distancia, sin tener acceso directo a los artefactos sonoros antiguos, como en los casos de unos anfibios de Honduras: Una rana chifladora doble de barro del Museo de Ontario, Canadá y; Un sapo cantador doble de barro de la colección de Linda Lee O'Brien-Rothe de Los Angeles, California.

Ya se sabe como reproducir y tocar los ehecachichtli (2), pero la dinámica del funcionamiento detallado de su sistema de generación de caos y ruido es tan complejo que no se ha podido analizar bien con la tecnología y recursos de investigación disponibles. Ahora, es difícil hasta iniciar investigaciones ambiciosas en el campo organológico-sonoro antiguo, porque no existen líneas y programas de estudio o investigación en el tema, ya que las últimas instituciones que se ocuparon de la organología mexicana desaparecieron de este mundo durante la conquista como las mexicas destruidas en la gran masacre de Tenotchtitlan del siglo XVI. La organología antigua era utilizada en forma intensiva en todo tipo de ceremonias para honrar a los dioses y en las numerosas fiestas, en cantos, danzas y dramas, desde en las más remotas y pequeñas comunidades, por la gente más modesta, hasta en los grandes centros ceremoniales, por las élites de sacerdotes y gobernantes. El honrar a los dioses era muy importante, ya que vivían por y para ellos. La organología y su música era hasta materia de estado y buen gobierno. También se utilizaban en una gran diversidad de ritos desde el nacimiento hasta la muerte, en sacrificios, para llamar la lluvia, para sembrar y cosechar, etc., en muchas otra actividades vitales o religiosas como la guerra, en vigilancia, en comunicaciones y señales, para imitar, llamar o cazar animales, para mejorar la salud física y mental, por chamanes y en magia. Pero el estudio del pasado se ha hecho en silencio, como si nuestros antepasados y nosotros mismos fuéramos sordos. Todos los objetos sonoros rescatados pueden servir para saber algo de los gustos acústicos y forma de vivir de nuestros antepasados. Se ha mostrado que desde los juguetes y los cientos de figurillas, hasta los objetos desechados o considerados como basura, porque se desconoce su uso original o porque están rotos como el totó, pueden servir para encontrar verdaderos tesoros organológicos.

Actualmente el ruido es indeseable en varios campos como los de normas ambientales, comunicaciones, música, etc, porque dicen que afecta la salud de las personas, oculta otras señales de interés asociadas o simplemente no agrada, pero no todo el ruido es desagradable o dañino como el que producen las maquinas modernas, ya que hay muchos otros que se generan en la naturaleza como el de la lluvia, las olas del mar, las hojas de los árboles, de muchos animales y hasta en la voz humana se aprovecha. El ruido se genera por medio del caos del aire, como el producido por el fonema "sh" dentro de boca, al obstruir y restringir la corriente de aire con los dientes y la lengua, pero su turbulencia no es tan intensa y compleja como la del generador bucal de ruido. La existencia de estos generadores bucales de ruido en Mesoamérica, y la de otros miembros más complejos de su familia, representa una creación, un gusto y un uso muy singulares en la historia conocida.

Se ha visto que los efectos más impresionantes se producen cuando se tocan y escuchan en campos cercanos o en lugares cerrados como cuartos, cuevas o grutas, un grupo de generadores de ruido, ya que pueden producir batimentos infrasónicos muy complejos. Se sabe que ese tipo de ruido se usa como fondo en terapias sonoras que aprovechan los batimentos infrasónicos.

El sencillo sonador lítico bucal analizado puede ser de los primeros de las grandes culturas de México y no se conocen otros similares de piedra del resto del continente antiguo o moderno, aunque es posible que existan algunos arrumbados que no hayan sido reconocidos o dados a conocer.

De acuerdo a los pocos casos similares reconocidos y analizados es muy probable que el corazón sonoro de esta singular y extraordinaria tecnología-cultura ruidosa se haya generado en el México Antiguo. Una duda que queda es si el generador bucal de ruido surgió primero en la zona del Occidente de México (Michoacán y Jalisco), en la olmeca del Golfo de México o en el Valle de Tehuacán. Miembros más complejos en estructura de esta familia también se han encontrado en esas y varias otras zonas de Mesoamérica, incluyendo la maya y la del Valle de México, pero éstos no han aparecido en otras partes del mundo. Esa familia organológica es una de las más mesoamericanas que se han encontrado y ejemplifica con toda claridad que su "música" podía ser muy diferente a la actual. Ya se ha ayudado a dar a conocer abiertamente en la red mundial a esa familia organológica extraordinaria. Ha sido recibida con interés en congresos nacionales e internacionales de los científicos de su función sonora sustantiva como en la conferencia "Mexican Noise Generators" (Generadores de Ruido Mexicanos) (12) para la Primera Sesión sobre Acústica de Instrumentos Sonoros Antiguos, de la 1ra Reunión Pan-Americana/Ibérica de Acústica, Cancún, México, de diciembre de 2002 (13).

Los descubrimientos sobre los totós líticos de la zona popoloca se dieron a conocer a investigadores del INAH en una plática el 13 de agosto de 2004, en las oficinas de la DEA del 1er piso de Seminario 8 (ver poster). Los generadores de ruido del México Antiguo también se darán a conocer en el Simposio Internacional 2004 de Arqueología Musical en el Monasterio de Michaestein de Alemania del 19 al 26 de septiembre de 2004 y a la comunidad de estudiosos de la música en el Tercer Seminario Latino americano de Musicología y Etnomusicología, que se llevara a cabo el 28 y 29 de octubre de 2004 en el Departamento de Música de la Universidad de Guadalajara, en el ExClaustro de San Agustín.

Descubrimientos y trabajos adicionales, en orden cronológico.

El 8 de julio de 2004, el Dr. Blas Román Castellón Huerta, investigador de la DEA, en una primera entrevista para solicitarle información arqueológica del sitio que conoce bien e informarle del estudio, comentó que hay otros artefactos similares de la misma región. Uno de ellos fue encontrado por él y se encuentra en estudio y bajo su resguardo desde hace dos años. Se pudo examinar y tocar directamente. Parece que es de hueso y en su estado actual no funciona bien, porque aun tiene un poco de barro en las superficies externas e internas. Otro lo tiene Silviano Reyes Hernández en San Juan Raya. Eso indica que los artefactos ruidosos fueron muy usados en la zona de Zapotitlán y que puede haber otros. Estima que los restos arqueológicos de los sitios cercanos no son muy antiguos, del Clásico Tardío y el Posclásico Temprano, de 900 d. C. a 1100 d. C. y hasta el siglo XVI. Una de las ventajas de los objetos de hueso es que pueden ser usados para estimar su antigüedad con las técnicas del carbono 14 y las huellas de su superficie pueden servir para mostrar algo de su construcción y uso.

El 11 de julio de 2004, Antonio Porcayó hizo el favor de acompañarme en un viaje de un día al municipio de Zapotitlán Salinas que se localiza a 22 Km al suroeste de Tehuacán. Fue posible conocer personalmente a Pedro Miranda o "Peter", como lo llaman allá. Nos mostró varios libros y documentos como unos del Dr. Blas Castellón [1 y 2] y artefactos antiguos popolocas y olmecas encontrados en esa zona, ya que ha caminado por los cerros, llanos y ríos. Llamó la atención una carita olmeca de barro rota que se parece a la de un modelo de un silbato de tipo olmeca que se hizo hace tiempo. En la tarde, Pedro nos acompaño al primer viaje exploratorio organológico a San Juan Raya, a 14 km de Zapotitlán. A un lado de la carretera 125 que va de Tehuacán a Huajuapan de León, nos informó sobre la dirección del Paso del Coyote dónde se encontró el totó de mármol, que se localiza al suroeste de Zapotitlán Salinas y al sureste de San Juan Raya. En esta ocasión no se pudo visitar ese sitio, porque hay que caminar cerca de dos horas y no había tiempo para eso. A un lado de la brecha o camino de terracería a San Juan Raya se vio un sitio olmeca inexplorado llamado el Llano del Monito, en el que se ven restos de cerámica y piedra en la superficie y culebras como una tipo coralillo encontrada sin cabeza y cola.

Al llegar a San Juan Raya, no se encontró a Don Silviano Reyes Hernández en su casa. Mientras lo esperábamos fuera del museo comunitario del pueblo, que tiene objetos de la zona como fósiles marinos, se mostraron algunos silbatos de barro y unos de corcholata y de cobre (chi-ga?) a los niños que se acercaron a vender artesanías de palma como la "lagartija agarra dedos" que también se usa en varias zonas del estado de Oaxaca. Cuando escucharon los sonidos de los silbatos, les llamaron mucho la atención como ha sucedido en otros lugares rurales que han sido visitados alejados de las ciudades. Los niños se interesaron en tener unos y en minutos aprendieron a hacerlos de corcholatas aplanadas con unas piedras y perforadas con un clavo y también pudieron tocarlos. Al preguntar si conocían silbatos de barro en la zona se supo que la joven encargada del museo tenía uno en su casa. Se pudo ver y tocar un hermoso silbato transverso de barro que tiene el estilo típico de unos encontrados en la Cuenca del Valle de México. Antonio dice que encontró unos similares en Xochimilco. Al silbato transverso se le rompió el extremo cerrado del tubo resonador y lo pegaron. El tubo esta abierto con un hoyo tonal en el otro extremo. También tiene roto el una esquina del extremo del canal de insuflación, pero puede producir sonidos hermosos, aunque no muy fuertes. Hay otros silbatos transversos similares en la zona del Golfo de México y en la zona de los Ñuu Savi o Mixteca. Ese aerófono es importante, porque indica y confirma que hubo una relación de conocimientos y gustos organológicos especializados y posiblemente de comercio con esas zonas y que puede haber más aerófonos de barro en el municipio.

Cuando llegó Don Silviano aceptó que se hiciera un primer análisis del totó de serpentina que tiene en su casa. Comentó que el Dr. Blas Castellón, ya lo había visto y analizado. Don Silviano encontró el artefacto de piedra hace dos años en el Llano de Tierra Colorada. El material es de piedra verde oscuro jaspeado con café y verde mas claro. Se parece a una roca de serpentina que me prestó Francisco Rivas Castro, otro investigador de la DEA, para ver si se puede pulir como una que recolectó de un lugar cercano que parece un antiguo taller lapidario (de Santiago Acatepec) y mostró en su oficina, tres días antes. Parece que su dureza es similar a la pieza sonora de mármol, entre 4 y 5 en la escala de Mohs, y se vio que se puede cortar con herramientas de acero y su pulido es fino. El generador de ruido de serpentina es más chico que el de mármol y es un poco más cuadrado y mejor aplanado y pulido. Mide (en milímetros) ~ 31 de largo del frente (lado de la ranura), 26 de ancho (lateral) y 8 de grueso, 24 largo de la ranura, 8 profundidad de la ranura, 4 ancho máximo de la ranura; 6 diámetro mayor de los hoyos sonoros, 2 diámetro menor y 6 la distancia del centro al frente del artefacto. Tiene un hoyito biconico para una cuerda, hecho entre una de las caras y un lado, similar al del totó de mármol. Para hacer los hoyos biconicos y la ranura resonadora en esa dimensión, calidad y material se requiere destreza lapidaria y, más aun, si se hace manualmente. Por sus dimensiones menores es más difícil de tocar que el de mármol y la altura F0 de los sonidos es alta, pero no se pudo cuantificar en Hz, porque no se llevó un equipo de medición. El artefacto se probó en la calle principal de San Juan, enfrente del museo local y con la presencia de adultos y niños del pueblo que se mostraron interesados y atentos por esos artefactos y sus sonidos. Los ruidos generados se pudieron escuchar por Arturo, un sobrino de Don Silviano, a más de 150 m. Por el interés y ayuda de Arturo, se le regaló un silbatito de barro. No conocían los ruidos del totó de piedra. Se tratará de grabar y analizar esos ruidos en otra visita, para integrar su monografía.

Se confirmó que sí había más artefactos ruidosos en la región. Don Juventino Reyes informó que hace como veinticinco años encontró un artefacto similar de una piedra verde o gris más oscura, en la Cañada de San Juan (como a 5 km. al poniente), pero se extravió. Recuerda que la forma del artefacto era similar a la de la serpentina, pero el largo en la parte posterior de la pieza era menor que el largo del frente.

Dese antes del viaje, Pedro y Antonio ya sabían de los artefactos anteriores, pero no los habían visto, ni sabía que tenían propiedades sonoras y no habían escuchado los ruidos que pueden generar.

Se pudieron hacer análisis adicionales al totó de mármol. Se pudo practicar un poco y, con ello, mejorar la forma de su operación y potencia sonora generada. Por la dimensión de estos artefactos líticos, se operan mejor si la lengua de coloca debajo de ellos, en lugar de la parte de atrás. Pedro aprendió a tocar el artefacto de mármol como se muestra en una foto tocando el generador de ruido y otra foto del totó y una pitajaya fuera de su casa en Zapotitlán Salinas. La potencia acústica radiada de los silbidos ruidosos puede ser mayor que la estimada anteriormente. Los ruidos pueden tener un timbre con picos o crestas más fuertes y escucharse a más de 200 m. La gente del lugar dice que a las mazacoates las llamaban con silbidos y aun hay en la zona. Los ruidos que escucharon del artefacto de mármol se parecen a los de una Lechuza de Campanario Tyto-alba. Se sabe que para nuestros antepasados, las lechuzas y los buhos eran anunciadores de la muerte.

Se constató que los sonidos de la fauna local son muy variados. En el Jardín Botánico de Zapotitlán, en la noche se escucharon cantos de ranas y unos silbidos fuertes de una lagartija cuija que caminaba en la pared y el techo. Desde antes del alba empezaron los cantos de diversos pájaros. Los sonidos del totó de serpentina se parecen a los de unos de esos pájaros cantadores madrugadores.

En los ríos del municipio hay muchas piedras rodadas excelentes para construir artefactos sonoros eficientes y muy durables. Hasta los montones de desperdicios de los talleres locales de diversas canteras y piedras, se pueden aprovechar para hacer modelos sonoros líticos experimentales y comerciales. Se recolectaron algunas piezas cortadas de los desperdicios líticos para hacer experimentos lapidarios-sonoros.

19 de julio de 2004. Ya se hicieron varios modelos con las piedras de desperdicio recolectadas y se vio que se pueden cortar y taladrar manualmente con herramientas de acero. Con brocas de tungsteno es más fácil, ya que en uno o dos minutos se puede hacer uno de sus hoyos. Funcionan muy bien. Si los hoyos sonoros son pequeños y cercanos, pueden producir silbidos.

En una segunda entrevista el Dr. Castellón, se pudo examinar con más detalle el generador de ruido que encontró en la superficie del Sitio Z91 Agua el Burro II hecho de una piedra aun no identificada.

El material no es de hueso, parece que es de piedra. Se recomendó analizarlo y grabar los sonidos que puede producir, pero eso ha sido posible. El generador de ruido es más grande que el de serpentina. Mide (en milímetros) ~ 43 de largo del frente (lado de la ranura), 35 de ancho (lateral) y 9 de grueso, 43 largo de la ranura, la profundidad de la ranura no se midió porque aun tiene tierra, 6 ancho máximo de la ranura; 6 diámetro mayor de los hoyos sonoros, 3 diámetro menor y 7.5 la distancia del centro al frente del artefacto. No tiene hoyito para una cuerda. Lo más relevante es que las dimensiones de los hoyos sonoros bicónicos son similares a los de la serpentina. El largo del frente es igual que el de mármol y en grueso de los tres generadores de ruido también es igual. Eso indica que los maestros que hicieron esos artefactos utilizaban tecnología de organología lítica especializada muy similar, para hacer la estructura básica de esos mecanismos sonoros, lo que puede significar que pertenecían a un mismo centro artesanal o, al menos, tuvieron cierta comunicación técnica entre ellos y los que usaban esos generadores de ruido, ya que producían sonidos similares. Es interesante señalar que el sitio Z56 Terrazas Paso del Coyote, del Valle de Zapotitlán Salinas, Puebla (2) en que se encontró el generador de ruido de mármol está como a seis kilómetros del Z91, en la misma zona cercana a San Juan Raya en que encontraron los otros dos generadores de ruido similares de serpentina y de una piedra más oscura. Es indica que los artefactos líticos se usaban mucho en esa zona, aunque es posible que haya otros en las zonas cercanas. A continuación se incluye la información de los sitios Z56 y Z91, proporcionada por el Dr. Blas Castellón:

Sitio Z56. Terrazas Paso del Coyote.

Es un extenso sitio de terrazas con una densa área habitacional en su porción oriente, posiblemente asociada con el asentamiento Z55. En la parte habitacional, ubicamos el punto GPS 12 que corresponde al piso de uno de los múltiples restos de habitación que existen junto a las terrazas. Sus coordenadas son 648312N y 2020982N con una altitud de 1973.60 m.s.n.m. El área se extiende en una bajada natural donde se unen las faldas sureste del Cerro Otate, con las faldas suroeste del Cerro Ometepec Chico, apenas separados por un pequeño puerto conocido localmente conocido como "Paso del Coyote". Esta bajada natural, con pendiente de cerca de 30º , desciende en dirección sur – suroeste hacia la barranca de San Francisco, y junto con La Guajillera, forma ya parte de la cuenca hidráulica que desciende hacia el río Atoyac, en la cuenca mayor del Río Balsas, es decir, esta área está inmediatamente al sur de la división continental.

Por su extensión y complejidad, parece que esta zona fue el lugar de asentamiento de una población más amplia, que vivía al lado de sus terrazas. Calculamos la extensión en 1000 m. x 500 m., es decir, alrededor de 500 hectáreas, aunque el área habitacional está concentrada en los bordes al poniente de esta bajada natural, junto al carril que divide los terrenos de San Juan Raya de los de Acatepec, cubriendo un área aproximada de 400 m x 200 m., es decir, cerca de 8 hectáreas con restos de casas habitación.

Esta extensa área es más fácilmente observable debido a las bajadas naturales de las corrientes que descienden de los cerros inmediatamente al norte, y está delimitada al poniente por profundas barrancas. Existe aquí un sistema de terrazas muy amplio, con muros que miran hacia la parte sur – suroeste, cortadas por pequeños arroyos que se han formado por la erosión y el paso del tiempo. En la parte sur, donde comenzamos a reconocer este sitio, es posible observar las terrazas más grandes con muros hasta de 200 m. de longitud, un ancho de 25 a 30 m., y una altura de los muros de 0.50 a 1 m., en buen estado de conservación (fotos).

Al subir por estas terrazas, y hacia la parte poniente del sitio, encontramos los restos de uno de los muchos hornos que es posible detectar aquí, como parte de las estructuras habitacionales. Estos hornos son de planta oval con 50 cm. de largo aproximado por 40 cm. de ancho, y están formados por un recubrimiento de lodo endurecido por el fuego, cuyo contorno es visible en superficie. El primer horno detectado estaba parcialmente deslavado por una corriente de 1 m. de profundidad. Su parte baja había quedado expuesta con el contenido a la vista, que consistía en cenizas y un gran trozo de carbón formado por la combustión de un trozo de leña del que aún se advertía su forma. Aquí tomamos la primera muestra para análisis de radiocarbón, simplemente recogiendo el trozo expuesto con una bolsa de plástico a manera de guante para no contaminar la muestra. También ubicamos aquí el punto GPS 11 con coordenadas de 648277 E y 2027761N.

Diez metros más arriba de donde tomamos la muestra, y siempre junto a la cerca del carril que divide los terrenos de San Juan Raya, comienza el área habitacional. En primer lugar, se observa una plataforma de tierra, con algunos restos de estuco, algo destruida, con más de 40 m. de largo por 30 m. de ancho. Sobre esta plataforma existen tres restos de cuartos con dimensiones de 5 m. x 4 m. Desde este punto hasta una distancia al norte de más de 300 m. existen restos de otras plataformas similares con cuartos, que calculamos en más de 30, y cada una de ellas presenta restos de habitaciones y tumbas saquedas en forma de cistas rectangulares. En algunos casos, es posible observar en los cortes hasta dos pisos de estuco, separados por un relleno de tierra de 40 cm., que indican distintas etapas constructivas, y algunos muros en pie hasta 60 cm. de altura, formados de piedra caliza con mortero de lodo.

Los materiales cerámicos observados son abundantes, y consisten en cerámica de fondo sellado de los tipos Coxcatlán Brushed y Coxcatlán Gray, son ollas, platos y cajetes, algunos con soportes almenados. Sin embargo, también abunda la cerámica Gris Fino Incisa, con diseños esgrafiados en el borde de platos y cajetes. Esto ubicaría a este asentamiento entre el periodo Clásico Tardío y el Postclásico Temprano, cubriendo una temporalidad amplia de al menos tres siglos (700 a 1100 d.C.).

En la parte más alta y más al norte de esta extensa área habitacional, donde se juntan las faldas de los cerros Otate y Ometepec Chico, se encuentra el Paso del Coyote. Aquí existen los restos de una plataforma rectangular con al menos dos niveles, de más de 10 m. de largo por 8 m. de ancho. Arriba de la misma, y sobre el muro posterior norte, se construyó un cuarto angosto y alargado con su portal hacia el sur, de 5 m. x 2 m.. El vano de la entrada, aún visible, tiene 2.5 m. de ancho, se trata seguramente de un pequeño templo ubicado en la parte alta del sitio.

Este sitio fue nuevamente visitado el día 1º. de agosto, con el fin de tomar una nueva muestra de carbón de uno de los hornos detectados. En esta segunda visita, excavamos un horno donde fijamos el punto GPS 12, en el centro de los que era una estructura habitacional.

Sitio Z91 Agua el Burro II

Fecha: 15 de julio de 2003. Zona: San Juan Raya
Coordenadas: 650914E; 2026604N. Tipo: Aldea
Ubicación geográfica: Planicie 1636 m. Área estimada: 10 000 m2
Periodo: Clásico (400 – 800 d.C.) y Postclásico (1200 – 1550 d.C.)

Este sitio parece ser continuación del anterior, siguiendo la margen sur del Río Zapotitlán en dirección al oeste. Se encuentra a 500 m. del paraje "Agua el Burro". Igual que el anterior, las bajadas de agua hacia el río, han erosionado el relieve, dejando al descubierto una gran cantidad de tiestos, aunque también han destruido las casas que aquí existían. No obstante se puede apreciar que la densidad de casas habitación era muy grande, tal vez más de 30 a 50 casas en un área de solo una hectárea. Las casas se encontraban sobre terrazas habitacionales, algunas de las cuales aún se observan en su sitio. Estas terrazas tienen más de 100 m. de largo con una orientación de 5° - 185° y descienden en dirección este al lado del río Zapotitlán en número de más de 20, con una distancia de entre 10 y 20 m. sobre una pendiente de 20° aproximadamente.

Lo que se aprecia son vestigios de varias épocas, principalmente del Clásico y del Postclásico. Entre los fragmentos cerámicos se encuentran anaranjado delgado (cajetes con decoración incisa), cerámica ñuiñe con diseños esgrafiados en forma de petate, formas compuestas, ollas de anaranjado delgado burdo, etc. Del periodo Postclásico se encuentra tipos aztecas negro sobre rojo, y fragmentos de anaranjado alisado. Las casas están destruidas, pero se observan restos de fogones formados con cuatro piedras, y algunos hornos de pequeño tamaño, asociados a cerámica del Clásico, por lo cual tomamos una muestra de carbón para fechamiento.

Lo más relevante del contexto en que fueron encontrados los dos generadores de ruido líticos es que ambos sitios fueron poblados y los datos dados de su posible antigüedad.

El Dr. Castellón, también proporcionó copia del Proyecto Valle de Zapotitlán Salinas, Puebla, [4] para tener una idea general del proyecto que cubre los sitios Z56 y Z91. Recomendó consultar el estudio de Richard MacNeish sobre la prehistoria del valle de Tehuacán [5], para conocer los antecedentes regionales más antiguos, ya que en la red mundial no se han encontrado estudios a fondo abiertos sobre los olmecas de la zona popoloca. En los escritos de la red mundial de Richard MacNeish se menciona que en en cuevas del Valle de Teotihuca se encontraron semillas de hace cerca de 7000 años, mismos que sólo son superados en antiguedad por otros decubrimientos similares del Valle de Oaxaca. Parece que en esas zonas se han encontrado los primeros restos de asentamientos humanos y de actividades agrícolas de Mesoamérica.

Información y comentarios adicionales

Puede ser que los ruidos del totó sí tengan relación con las víboras, ya que hay otras evidencias e información adicional:

1. Antonio Porcayo informó que durante un trabajo reciente en el desierto de Chihuahua se enfrentó a una víbora de cascabel que estaba en un matorral y se enojó porque la pisó, pero afortunadamente no lo mordió. Le tocó un ehecachichtli con aeroducto tubular y tubo resonador abierto (14) que le había regalado (emite señales similares ruidosas fuertes) y la víbora se impresionó con esos sonidos/vibraciones y se alejó. Ya consultó a un experto minero sobre el tipo de piedra del totó y se confirmó que es de mármol.

2. Se transcriben unas notas interesantes tomadas por Francisco Rivas Castro sobre la conferencia de Guillermo Olivier "Observaciones sobre Venados y Mixcoaltl" del 26 de noviembre de 1999, en el INAH, en las que se comentan las llamaderas usadas para cazar venados y llamar otros animales (incluyendo serpientes o culebras), aunque en este caso son de membrana de alas de murciélago como la gamitadera tubular con membrana (15):

La fiesta de Quecholli, era organizada por el estado, existían dos momentos, el que se celebraba en el recinto sagrado de Tenochtitlán, donde sólo participaban los grupos de élite y de altos dirigentes-sacerdotes; y la segunda parte del ritual, donde participaba todo el pueblo, esta segunda parte, implicaba un peregrinaje del lugar central importante a un lugar de culto periférico, ubicado encima del vientre de la madre tierra-ixillantonan- que era el nombre prehispánico de una gruta que existía bajo el cerro Zacatepetl, de las ubicación de tal gruta, sólo se conservó memoria en la tradición oral de los nativos de la región del Pedregal de San Ángel.

Habrá que consultar el ritual de Quecholli en el códice Tudela del rey, en la Historia de Diego Durán y en los Primeros Memoriales de Fray Bernardino de Sahagún.

En la fiesta de Quecholli, la gente que se autosacrificaba se sangraba como venado, a las mujeres las flechaban sobre unos magueyes (¿cactus?), para el sexto día la gente se juntaba en el cerro Zacatepetl, en los Primeros Memoriales de Sahagún vemos pintados a los cazadores que se dirigían al cerro Zacatepetl, también se ve a Mixcoatl, Matlatzincatl, Izquitecatl y Coatlicue.

Existen representaciones de Mixcoatl en diferentes códices, la descripción de la fiesta de Mixcoatl inscrita en la Historia de Francisco de las Navas (se conserva una copia microfilmada en la BNAH, consultar) donde se relaciona con las prostitutas como presas (venados) o piezas de caza. A los venados les gustaba mucho la música y los cazadores los atraían, usando unas llamaderas hechas con ala de murciélago, venía el venado macho, el gato montés, el ocelote, mazacuate* entre los animales. Existe un mito sobre el origen de la música –viento nocturno-creada por los señores solares. El murciélago como señor nocturno podía atraer al venado. Existe la relación de ataque sexual a la mujer a través del murciélago, un ser más sexual que otro, pues según el mito narrado en el códice Magliabechiano, nació del esperma de la masturbación de Quetzalcoatl, al acariciarse sus genitales. También se exalta en Quecholli, la cacería como ataque sexual.

Yoztamiyahual-espiga de la cueva. Se llevaba a cabo una cacería ritual en Xilotepec, en la región otomí, se hacía todavía en tiempos del Virrey Mendoza, en esta cacería se mataba a los venados con coas de encino, así se mataban o descalabra a los venados (Existen ejemplos de este ritual en el códice Borgia) , en la fiesta se reactualizaba el mito de encuentro de Mixcoatl y Chimalma (ambos venados, el primero, macho y la segunda hembra) este mismo mito se sincretizó en el Templo mayor de Tencochtitlán con Huitzilopochtli y su mujer-hermana Coatlicue.

* Sahagún informa sobre la serpiente y culebra mazacóatl:

15. Hay una serpiente en esta tierra que se llama mazacóatl; (es) muy grande y muy gruesa, de color pardo oscuro, tiene eslabones en la cola, tiene en la cabeza cuernos como ciervo y por ello la llaman mazacóatl, porque tiene cuernos como ciervo; mora en las montañas muy ásperas, cuando llega a edad perfecta recógele a algún lugar o cueva, y desde allí sin salir fuera atrae con el anhélico conejos y aves, y ciervos y personas y cómelos, y de esto se mantiene, estándose queda en su cueva. Hay otra culebra que también se llama mazacóatl; es negra y gruesa y larga, no tiene eslabones en la cola, ni tiene dientes; es perezosa, y es mansa y doméstica; algunas las crían es sus casas para comer, (pues) son buenas de comer.

El Arqlgo. Rivas también proporciona copia del texto de una ponencia [3] sobre Cuthá, basado en lienzos prehispánicos y lienzos prehispánicos.

3. Otro investigador de la DEA, Jesús Mora, ha comentado que sus familiares mayores en Guerrero usaban una gamitadera de carrizo con una membrana de ala de murciélago amarrada en un extremo, para llamar y cazar animales.

4. Jorge Dájer ha comentado que examinó unas gamitaderas de ese tipo que Raúl Helmer recolectó en Guerrero.

5. Se piensa que ese tipo de gamitaderas se usaron mucho en todo el continente. Aun ahora, se hacen y usan en Panama.

6. Ya se analizó una gamitadera de barro (16) que se encontró en otra zona olmeca perteneciente a la familia mexicana generadora de ruido y que creen se usaba para llamar venados, porque produce sonidos como los de un venadito.

7. En la Historia de las Cosas de la Nueva España de Sahagún se mencionan muchas serpientes y culebras: acóatl, tlilcóatl, tecutlacozauhqui, izttacóatl, chiáuitl, tleua, chiáuitl, ulcoatl, zolcóatl, maquizcóatl, mazacóatl, tetzahucóatl, tlapapalcóatl, coapetátl, chimalcóatl, citlalcóatl, citalin imiuh, metlapilcóatl, aueiactle, tlilcóatl, palancacóatl, ehecacóatl, tzoalcótl, cincóatl, macacóatl, tetznolcóatl, quetzalcóatl, xicalcóatl y muchas otras más que no se sabe su nombre antiguo. Algunas serpientes emitían sonidos como silbidos. En México aun viven alrededor de 500 especies de serpientes. Cerca de cincuenta son peligrosas para el hombre.

8. Se recibió el siguiente mensaje que puede ayudar a precisar algunos detalles de la cerámica y el término utilizado para desiganar a la zona:

Roberto Velázquez Cabrera:

Buen día, me comunico con usted para felicitarle sobre el trabajo realizado por Roberto Velázquez Cabrera, Pedro Guadalupe Miranda Pacheco y Antonio Porcayo Michelini sobre el "Totó de mármol"

Es admirable que de tan solo un objeto, puedan hacer un trabajo tan completo, que fueran críticos con la posición clásica de los arqueólogos cuando no saben (y no hacen uso de la información etnográfica) Sobre todo me agradó leer la importancia que le dieron al testimonio y al trabajo de peter, que a tantos investigadores nos ha dado luces en nuestras investigaciones.

Además de estos comentarios, me permito hacer un par de aclaraciones:

Mencionan "También se conservan otras artesanías prehispánicas como la del barro anaranjado pulido del pueblo de los Reyes Metzontla, perteneciente al municipio de Zapotitlán Salinas" y hacen un uso indiscriminado del término región Olmeca/popoloca.

Respecto al primer tema, tengo más de 8 años trabajando en Reyes Metzontla y a pesar que el antecedente prehispánico de la cerámica de Reyes es el famoso tipo "Anaranjado delgado" que se hacía en la región de San Juan Ixcaquixtla por popolocas durante el auge de teotihuacan, en la actualidad en Reyes, ya no se fabrica esa cerámica, no al menos ese tipo.

Las cerámicas en Reyes pertenecen a tipos más burdos, de tipo utilitario y desde hace unos 15 años se elaboran "artesanías", que son más finas en el acabado. Al respecto podría consultar mi artículo al respecto en "la loza y la artesanía de Los Reyes Metzontla" En Elio Masferrer Kan, Georgina Vences Ruiz, Norma Barranco Torres, Elizabeth Díaz Brenis, y Jaime Mondragón Melo, eds., Etnografía del estado de Puebla. Puebla, México: Secretaría de Cultura del Estado de Puebla.

Respecto al término utilizado para la región, hay estudios anteriores a los 60`s que han establecido el área cómo área de influencia olmeca, pero quienes lo hacen, lo distinguen del área olmeca tradicional(olmecas arqueológicos) y especifícan "olmecas históricos" al respecto podría consultar: Jacklein, Klaus. Un Pueblo Popoloca. Colección INI 25. 1974 México.

Espero que los comentarios le sean de utilidad y de nuevo felicidades por su trabajo.

Atte. Hugo Huerta
Arqueólogo

9. Otros generadores de ruido bucales de piedra similares a los de San Juan Raya. Uno se encontró en un entierro del sitio del del Cerro de las Minas de Huajuapan, pero es mas antiguo, ya que corresponde a la Fase Ñudee (300 a.C.- 200 d.C. Otro se encontró en el Barrio de la Cruz de San Juan del Río, Querétaro> Ambos se describen en el estudio sobre el silbato o sonador de la muerte (generador de ruido con aeroducto tubular). Su uso antiguo cubre una zona cultural y fases temporales muy amplias.

Referencias abiertas en la red:

1. Silbato olmeca
2. Silbato bucal de ruido
3. Tiburon
4. Corcholata
5. Estudios de aerofonos mexicanos
7. Tlemaitl
8. Resonador del Dios L
9. Ehecachichtli
10. Resonadores de Oaxaca
11. Trompetas de Bonampak
12. Ancient noise generators
13. Artefactos sonoros en Cancun
14. Ehekachichtli con resonador tubular
15. Gamitaderas con membrana
16. Gamitadera

Bibliografía

1. Castellón Huerta, Blas Román. "Cuthá, Zapotitlán Salinas, Puebla, Arqueología y Etnocidad en el Area Popoloca", Tesis doctoral, UNAM, 2000.
2. Castellón Huerta, Blas Román. "Proyecto Arqueológico Valle de Zapotitlán Salinas, Puebla", Informe de actividades del 22 de junio al 18 de agosto, INAH, Marzo de 2003.
3. Rivas Castro, Francisco. "Cuthá. Un Señorio del Sur de Puebla, en Códices Prehispánicos y Lienzos". Ponencia presntada en la UAP, Sección de Arqueología, 13 de noviembre de 2003. En imprenta.
3. Castellón Huerta, Blas Román. "Proyecto Valle de Zapotitlán Salinas, Puebla. Propuesta de Reconocimiento, Primera temporada 2001. INAH, Marzo de 2001. 4. MacNeish, Ricahrd S. The Prehistory of the Tehuacan Valley. University of Texas, Austin, 1975.
5. Pereira, Gregory. Trois sépultures Nudée au Cerro de las Minas (Huajuapan, Oaxaca). Apport des observations osteologiques dans letude des pratiques funeraires. TRACE: Travaux et Recherches dans Amériques du Centre. No spécial: Arqueología, México, 1992. 21. pp 56-65.

6. González Zozaya, Fernando. Muerte y ritualidad funeraria en entierros y ofrendas. El caso del Barrio de la Cruz, San Juan del Río, Querétaro, Tesis profesional de arqueología de la ENAH. 2003.